Una noche en Prado Experience donde fumar un habano fue un acto quijotesco
El pasado 14 de febrero, en Prado Experience, celebramos Sin Valentín de una forma poco convencional:
con tiempo, con ritual y con sentido.
La noche estuvo dedicada a la histórica marca Sancho Panza y a una de sus vitolas más expresivas: el Belicoso, un habano de carácter profundo, producción limitada y una personalidad que invita a la contemplación.
Entre cocina española, un cóctel de autor y palabras compartidas en el momento del encendido, la experiencia nos recordó algo esencial:
fumar un habano no es un acto automático, es una elección consciente.
LA EXPERIENCIA GASTRONÓMICA
Cena española y maridaje pensado para el habano
La noche comenzó con una cena de tres pasos inspirada en la cocina española, diseñada para preparar el paladar y acompañar el recorrido sensorial del habano.
Cada plato fue pensado como parte de un diálogo: comida y bebida avanzando juntos, sin apuro.
EL MARIDAJE: ROCINANTE
Un cóctel de autor a base de ron agrícola
El momento central de la noche llegó con el maridaje entre el Sancho Panza Belicoso y un cóctel de autor creado especialmente para la ocasión, al que llamamos Rocinante.
El nombre no fue casual:
como el fiel compañero de Don Quijote, este cóctel acompañó al habano sin intentar dominarlo, realzando sus notas y respetando su identidad.
NOTA DE CATA – SANCHO PANZA BELICOSO
- Vitola de galera: Campana
- Vitola de salida: Belicoso
- Cepo: 52
- Largo: 140 mm
En cuanto al territorio de sabor, se presenta inicialmente como medio, aunque desde las primeras bocanadas —y con claridad a lo largo del fumado— evoluciona hacia un medio-fuerte.
Un habano intenso, expresivo y delicioso, con matices constantes de:
- pimienta
- madera
- terrosidad
- frutos secos
Un verdadero habano de nicho, de producción limitada, que vale la pena disfrutar cuando aparece en las estanterías del humidor de Prado y Neptuno.
EL MOMENTO DEL ENCENDIDO
Amor, habanos y Sancho Panza
El encendido es siempre un instante de introspección.
Ese momento en el que el mundo baja el volumen y el ritual comienza.
Antes de prender el Belicoso, compartimos este texto
En las páginas de Don Quijote de la Mancha habita un hombre que decidió vivir como pocos se atreven: creyendo.
Y junto a él, un compañero de andanzas que, siendo un poco más cuerdo, lo acompaña intentando mantenerse lejos de la locura… aunque también, en algún punto, duda entre la realidad y la fantasía.
Don Quijote cree en el amor, en la belleza, en la dignidad de los sueños, incluso cuando el mundo insiste en llamarlo loco.
Ama a Dulcinea sin tocarla, sin verla, sin exigirle nada, porque en realidad solo existe en su mente.
La ama porque el amor, para él, no es posesión, sino elección.
Y en ese gesto hay una verdad profunda:
amar es detenerse, mirar más allá de lo evidente, sostener una idea aun cuando nadie más lo haga.
Encender un habano se parece mucho a eso.
No se enciende un puro por apuro.
Se lo elige.
Se lo respeta.
Se le concede tiempo.
Como el caballero andante, quien fuma un habano acepta que el placer no está en el final, sino en el trayecto. Desde la primera bocanada, el humo se expande lento y se abre un mundo de sensaciones; a veces, incluso, de sentimientos.
El camino de un habano nos lleva a muchos lugares.
La ceniza nos acompaña en ese recorrido y cae con la dignidad de aquello que ya cumplió su función.
Finalmente, lo dejamos morir… también con dignidad.
Fumar un habano hoy es un acto quijotesco.
Es elegir la pausa en un mundo acelerado.
Es defender el ritual cuando todo empuja a la prisa.
Es creer —como Don Quijote— que hay momentos que valen la pena.
Que este humo sea entonces un homenaje:
al amor ideal,
al tiempo lento,
a la belleza de vivir con intención.
Porque, al final, no es locura amar así.
Locura sería no hacerlo.
Sin Valentín,
porque el corazón tiene razones que la razón no entiende.
HABANOS Y FILOSOFÍA
Fumar un habano hoy es, de alguna manera, un acto quijotesco.
Es elegir la pausa en un mundo acelerado.
Es defender el ritual cuando todo empuja a la prisa.
Es creer —como Don Quijote de la Mancha— que hay momentos que valen la pena.
Y eso es lo que celebramos esa noche:
el tiempo lento, el amor ideal y la belleza de vivir con intención.
Porque, al final, no es locura amar así.
Locura sería no hacerlo.
Sin Valentín,
porque el corazón tiene razones que la razón no entiende.
Ana Alsogaray
Máster Habanos 2023

